Este es mi espacio para pensar en voz alta @Natzland_

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Si tuviésemos más horas al día, seguramente nuestras decisiones no serían proporcionales a ellas, porque tomamos más decisiones de lo que podemos imaginar. Cómo servir el café, cómo mover los pies, cuándo cepillarnos los dientes, etc. Lo interesante de las decisiones es la intensidad con la que pensamos nuestras acciones. Seguramente para  ponerme los zapatos no lo pensaré mucho, pero hay otras cosas que son dignas de nuestro tiempo.

He descubierto que algunas decisiones están acompañas de cinismo y que es bastante probable que nuestro sentido lógico no calce en nuestra necesidad de respeto personal. Este no es mi caso, pero hay uno particular que desnudo a simple vista. Es absurdo como el ambiente puede crear tanta falta de confianza en una sola persona; una falta de confianza que desintegra cualquier posibilidad de sentir que eres bueno en varias cosas, aquellas que desarrollan tu capacidad para cuidarte a ti mismo. El rollo de no sentir auto-respeto no tiene que ver con el “amor”, tiene que ver con la falta de autoestima. El que se conoce a sí mismo, sabe que los malos ratos son soportables, a cambio de una tajada dulce de una vida prolongada.

Resulta que he logrado dividir la vida en 3 partes, lo lógico, el 6to sentido, y las sensaciones mundanas. Justo en ese orden funcionan perfectamente. Hay quienes no estarían de acuerdo, pero seguramente visten retazos de tela ó son idealistas por naturaleza; acto seguido de habitar una casa que se cae, tener una relación de abusos y ser absolutamente manipulables. La verdad es que el contraste entre la lógica y la acción es súper útil, nos ayuda a tomar buenas decisiones, me gusta… me gusta mucho.

Mi proceso de desglose se centra en una cantidad de sensaciones (Puesto número 3 en el ranking de las cosas que se consideran primero), pero claro que ya he analizado la situación y ciertamente he hecho un escaneo con mi 6to sentido. El problema de seguir los pasos de la manera correcta, es que esto te da una capacidad INCREIBLE para ser cruel sutilmente.

Una persona muy cercana, me definió como una persona cruel; yo no escatimaba en tanta sinceridad y mucho menos en llegar asumirlo. Es cierto que suelo serlo, quizás porque en mi entorno no se jugaba carritos, ni se comía algodón de azúcar, no lo sé, pero precisamente eso me ha dado resultado.

Ahora, lo que me más me intriga, es que crean que los de actitudes directas son poco observadores. Quizás piensen que la impulsividad funciona como un timbre, pero no. Por lo general los agentes de actitudes crueles ya han pasado por el proceso de escudriñar el polvo, algo que brinda un 80% de efectividad al momento de jugar al adivino. El problema es que la crueldad da remordimiento, a veces, y que se debe pensar en lo que implica. Este ha sido un ejercicio que he puesto en práctica un par de veces.

A lo que realmente iba, antes de perderme en los extras, es que nuestra confianza define nuestra salud mental y la de los demás. Sí, suena raro, pero tiene sentido. Si se fijan, la mayoría de los políticos la puede estar cagando, pero la seguridad en sí mismos hace que nosotros lo notemos menos (Imagínense lo que la cagan que solo vemos una cuarta parte). Lo que más da impotencia es que la confianza se construye en el hogar, y hay TANTOS hogares al revés que sufriremos de “foquitis”. Sí, todos como focas aplaudiendo lo que no entendemos, pero que se escucha bonito.

En fin, mi catarsis está completa. Hoy he cerrado un ciclo de interrogantes, suspenso, drama y acción; me siento como en una serie de Warner –risas- . El punto es dejemos de ser cobardes y apuntemos a tener más confianza, esa es la clave para no confundir “lo que quiere el corazón” con ser bien pendejos en la vida.

 

 

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En la búsqueda de lo ideal he escuchado muchas opiniones, más anhelos que opciones lógicas. Todo parece resumirse a “necesito esto y aquello, pero que sea así, como yo lo espero”. No sé si es cuestión del destino, que según muchos no existe, o depende de nosotros. Vamos a lo básico: las relaciones interpersonales. La pregunta más común es ¿cuál es tu estereotipo? ¿Cómo quieres que sea esa persona? Es el momento perfecto para que vuele la imaginación y se manifiesten las curiosas similitudes con personajes de la televisión y el cine. Luego de unos segundos comenzamos a mencionar las características de la personalidad que nos llenarían. Momento de silencio. Mentamos madre. “Que pendeja”. Sí, es que la mayor parte de la vida se basa en la imaginación; imaginamos tanto que al final del camino nos frustra no poder hacer realidad el sueño, y con el logo de Disney pegado a la carátula de nuestro libro de vida.

La verdad es que he llegado a pensar que eso del destino sí existe; es verdad que podemos moldear nuestra vida, hay gente que nace sin elegir sus atributos, pero aprende a usarlos y cómo vivirlos. Un buen ejemplo es ver a alguien en la calle y pensar “qué persona tan interesante”,  pero la verdad es que esa persona viene con un manual donde entras ó no. La personalidad define mucho de lo que puedes lograr, inclusive forma parte de la clave del éxito según muchos. En este caso, no.  Realmente tu anhelo de lo que consideras “ideal” se torna una golpiza contra el “manual del  porqué no te para bolas” simple: No tienes lo que, por naturaleza, a esa persona le gusta, ese “no sé qué”.

Comienzo a extrapolar todas las situaciones a mí alrededor, incluso mis propias experiencias. Ni de vaina se me cambia la señal. Todo viene de la experiencia. Claro, ese es el momento donde te analizas y dices ¿hay manera de cambiar mis piezas de *pinipon para que sean compatibles con las de lego? A menos que me cambie de marca, no. De vuelta a lo básico: nos convertimos en seres irreverentes para probar que el manual se puede reescribir. Me inclino más hacia el lado donde hubo un error de tipeo, al cabo de un tiempo llegamos a la página 25, la página que nos recuerda lo que fue escrito en el prólogo, “necesitarás amar, necesitarás una familia, necesitarás un lugar al que llamar hogar, necesitarás ser parte de algo ideal”. Sí, pero nunca supiste si elegiste la portada por la imagen, lo vendible del material, o por el título que te prometía esa vida ideal.

*Pinipon: Yo solía tener una colección de estos muñequitos, eran geniales. También solían llamarlos pin&pon ó pinypon. Lo ultilizo como una comparación porque mi hermano tenía Legos mientras yo jugaba con mis coloridos pinipon jajaja.

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Creo que las metáforas han formado parte sustancial de mi cotidianidad y esta no será una excepción.  Suelo imaginar un avión de papel como si se tratara de nosotros. A simple vista la capacidad de un doblez bien hecho pronostica un buen vuelo, aun cuando los lados se ven ausentes de medidas exactas. Quizás añadir un poco de color a las alas y ajustar la cola con una pequeña rasgadura añada el último toque.

Insisto, somos como aviones de papel. Si asumimos la tarea de desdoblar alguno y miramos desde cerca, descubrimos que cada doblez fue hecho luego de uno anterior, que la medida con respecto a la punta falló un par de veces hasta que logramos ajustarla y que finalmente las alas habían tomado forma cuando se hacían notables las disconformidades de su creador. Tenemos la envergadura intelectual para crear, pero la carencia de la paciencia. Aun así ingeniamos modos de corregir nuestros errores, los más necesarios, y convergemos entre lo suave del papel y lo difícil del viento. Cualquiera podría sentirse identificado. Lo absurdo es que seamos comparables y lo mundano es que nos haga falta.

No sentimos por convicción propia, sentimos porque hay viento, sentimos porque hay impulso; es absolutamente incomprensible. Sin embargo sabemos el propósito. Ahora, lo preocupante no es lo que se nos escapa de las manos, sino lo que tenemos en ellas. Hemos construido muchos aviones de papel, pero nunca miramos cómo han quedado por dentro antes de jugar con ellos. Quizás es tiempo de entender que nos construimos con despiste, de mala gana, sabiendo que la hoja de papel es modificable y a sabiendas de que posiblemente no vuele. Luego nos quejamos de sentir miedo, claro, si nunca estuvimos listos.


“La persona arrogante no sabe amar”
Qué increíble está este artículo de Joseph Chakkal Abagi. Intenté conseguirlo en internet, pero no está disponible. Me recuerda a mucha gente, inclusive me sentí identifica en ciertas partes.

“La persona arrogante no sabe amar”

Qué increíble está este artículo de Joseph Chakkal Abagi. Intenté conseguirlo en internet, pero no está disponible. Me recuerda a mucha gente, inclusive me sentí identifica en ciertas partes.

INTELECTUALMENTE

INTELECTUALMENTE

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Las cosas importan a medida que las sentimos, eso es absoluto e indiscutible. Cuando ya no sentimos, no recordamos y olvidamos nuestra ancla para sopesar situaciones. Es raro, pero mientras pasa el tiempo siento que domino el arte de que me importe, pero no domino el arte de sentir. Sí, es complicado, pero al mismo tiempo interesante.

Cuando era más chama, quizás tendría unos 15 años, sentía algo e iba por ello. No siempre conseguía lo que quería, pero optaba por huir por la derecha. Hoy en día construyo vertientes que me ayuden a entender el porqué de esos sentimientos. Últimamente he descubierto que no todo está hecho para cubrir nuestras necesidades, pero que sí puede obtenerse algo positivo de ello. A veces es frustrante, pero entiendes que la vida te da limones y ciertamente no es para hacer limonada.

Hoy miré un poco más allá y comprendí de todo lo que me había perdido por ver una sola cara de la moneda. Antes hubiese dicho “basta”, pero esta vez tuve la valentía de escudriñar la vida. Sé que a veces es un poco inentendible, pero considero que vale la pena. Es que no es una cuestión de fe, es una cuestión de humildad. No podemos ser tan imbéciles de pensar que el mundo gira a nuestro alrededor. Yo aprendo, poco a poco a internalizar que no soy suficiente para la costumbre, y mucho menos para el gusto heredado; es algo difícil, pero necesario.

Ha llegado el momento póstumo donde ya no hay acertijos entre líneas. Sí, debo confesar que hay cosas que quizás nunca vayan a cambiar, pero qué ameno es que se puedan sectorizar las áreas, lo suficiente como para que calen dentro de lo exacto.

¿Qué tan difícil puede ser generar sensaciones? Demasiado. Créanme, lo he intentado. Yo entiendo lo absurdo de lo sencillo, pero no dejo de cuestionarlo. A veces visualizo a los seres humanos como avatares, siendo víctimas del antojo de un maestro controlador. Bah, a estas alturas lo que importa es que mañana no va a importar.


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Supongo que esto de tener un blog será interesante. No acostumbro a compartir mucho de mi vida con la gente y mucho menos a entrar en detalles; Sin embargo asumo que esto debe ser algo interesante. No sé, ya veremos qué tal…